¿Alguna vez han escuchado la famosa historia del hilo rojo? La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, no importa cuánto tiempo pase o las circunstancias que se encuentren en la vida. El hilo rojo puede enredarse, estirarse, tensarse o desgastarse... pero nunca podrá romperse. Yo soy Ada Andrade y esta es mi historia de amor, como pase de no creer en el hilo rojo al estar totalmente segura de que existe. Nunca tuve tanta conexión con nadie, ni mucho menos esperé tenerla con él. "Nosotros no buscábamos nada, pero el destino lo quería todo." (…) Los Ruscher un famoso apellido que le pertenece a tres sexys hermanos. Una de sus similitudes sus hermosos ojos azulados. Ada, el nombre de una simple y común chica. Que por cosas del destino tuvo que mudarse hacia la ciudad donde vive su mejor amiga. Esta historia está llena de intrigas, de enfados, risas, llanto. Es una montaña rusa de emociones. ¿Por qué el amor duele? ¿Por qué no podemos alejarnos de esa persona? ¿El sentimiento será mutuo? Son algunas de las preguntas que se hace nuestra protagonista. Pero al final encontrará toda respuesta. Están destinados, aunque naden en direcciones diferentes, sé empeñen en alejarse, estén con otras personas siempre; siempre el hilo rojo estará presente.
Estoy en la piscina del hotel, tomándome unas copas con unas chicas que me he encontrado por aquí. Platicamos nos reímos y las beso. Veo que el licor se ha acabado y llamo a una de las meseras más cercanas.
Es una chica bajita, con un uniforme azul; de salla y blusa corta. La verdad le queda muy bien, y resaltan sus piernas. La vengo vacilando todo el camino.
—Traenos otra ronda para todos.—le digo mientras le miró fijo el escote.
—¿Se te ha perdido algo?—me responde mientras se tapa con la bandeja.—Tengo la cara aquí arriba.
—La verdad es que es difícil que se pierda algo ahí. Hay espacio de sobra en tu sujetador.—mientras le digo esto las chicas a mi alrededor sueltan unas risitas y eso la enciende mas.
—Eres un imbécil.—dice mientras se va a pasos apurados a buscar las bebidas, aunque no avanza rápido ya que es enana y sus pasos son cortos.
—¡Aquí tienes tus tragos!—dice dejando caer uno por uno en mi cabeza, nunca esperé esto.
—¡Estas loca!—le grito y al mismo tiempo las chicas que tenía al lado se espantaron. Maravilloso me dejó como un payaso.
La agarro por un pies y la jalo hacia el agua y río mientras la veo caer en la piscina. Después de unos segundos la riza se desaparece ya que por lo visto no sabe nadar y está chapoleteando tratando de salir.
Nado hacia ella y la saco rápido, respira profundo y luego me tira agua a la cara.
—¡Casi me ahogas estúpido!—me grita mientras me golpea el hombro.—No me toques, bajame ahora mismo.
—¿Estas segura que quieres que te suelte?—le digo sarcasticamente.—Que me iba a imaginar yo que no sabías nadar. ¿Cómo puedes trabajar en la sección de la piscina sin saber aunque sea flotar.
—¿Y a ti qué te importa? Sácame de aquí ahora mismo.—me ordena.
Al salir un señor con bigotes se nos acerca.
—Señor Ruscher. ¿Está bien?
—Si, tranquilo.—le respondo.
—¿La señorita lo ha molestado?—me pregunta.
—La verdad, creo que tendría que tener más cuidado con quién contratan, empleadas como ella no le vienen bien a mí hotel.—digo mirando su cara al escuchar que soy el dueño.
—No se preocupe señor, me encargaré personalmente.
—Bien.—veo cómo se alejan, ella trata de explicar algo pero él no deja de decirle cosas. De todos modos no es mi problema. Salgo camino a la suite.
(…)
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Un día como cualquier otro trabajando de mesera en el hotel más lujoso que hay en mi ciudad. Veo a un chico guapo tumbado bronceandose, la verdad es que trabajar aquí me gusta mucho, tengo buenas vistas y no hablo solo de la playa. Dioss perdona todo pensamiento que tenga al ver a los guapurris que están aquí.
Salgo de mís pensamientos al ver a un chico llamándome, está en la piscina junto a varias chicas.
—Traenos otra ronda para todos.—me dice mientras me miró fijo el escote.
—¿Se te ha perdido algo?—le respondo mientras me tapo con la bandeja.—Tengo la cara aquí arriba.
—La verdad es que es difícil que se pierda algo ahí. Hay espacio de sobra en tu sujetador.—mientras dice esto las chicas a su alrededor sueltan unas risitas y eso me enciende mas.
—Eres un imbécil.—digo mientras voy a buscar sus tragos.
—¡Aquí tienes tus tragos!—le digo dejando caer uno por uno en su cabeza.
—¡Estas loca!—me gritó y al mismo tiempo las chicas que tenía a su lado se espantaron. Me alegro Playboy jódete.
No se en qué momento pero me lanzó a la piscina. Ohh no no, no se nadar. Al parecer lo notó porque me sacó enseguida.
—¡Casi me ahogas estúpido!—le grito mientras le golpeo el hombro.—No me toques, bajame ahora mismo.
—¿Estas segura que quieres que te suelte?—dice sarcasticamnete.—Que me iba a imaginar yo que no sabías nadar. ¿Cómo puedes trabajar en la sección de la piscina sin saber aunque sea flotar.
—¿Y a ti qué te importa? Sácame de aquí ahora mismo.
Al salir veo al señor Jun enfadado. Diosito por favor calmalo necesito el trabajo. El le preguntó que si está bien y que si yo lo había molestado. Y para mi sorpresa este tal Ruscher es el dueño del hotel. Ahora sí estoy jodida. De patitas a la calle.
Trato de esplicarle a Jun pero es en vano me ha despedido y todo por culpa de ese idiota.
(…)
Estoy en casa hablando por teléfono con mi mejor amiga, se llama Milena y vive en una ciudad a seis horas de aquí en avión. La conozco desde niñas, ante vivía en la casa de al lado pero sus padres se mudaron y ahora es todo un mujerón.
—Es terrible todo lo que ha pasado. ¿Ya le contaste a tu madre?—me pregunta.
—No aún no, la pobre estaba tan contenta con mi nuevo trabajo.—pienso en la decepción que se llevará cuando le cuente.
—¡Pues venirte a vivir conmigo!—dice en un grito.
—¿Estas loca? Mile no te preocupes ya me las apañaré.—digo aunque sé que está algo difícil encontrar trabajo.
—No seas tonta, nada me haría más feliz que compartir piso contigo. Además hace años que no nos vemos.—insiste.—Y podría ayudarte a buscar trabajo, le preguntaré a mi jefe si necesitan empleada en lo que sea.
—¿No crees que es algo egoísta irme y dejar a mi madre aquí?—es lo único que me retiene.
—Ada, tu madre es una persona adulta. Además no la dejaras sola, ella tiene a René.
René es el nuevo novio de mamá, después que mi padre nos abandono apenas cundo yo tenía siete años mi madre es la que ha hecho el papel de los dos; me ha dado todo lo que ha podido y educado de la mejor manera. Después de tantos años por fin decidió darse otra oportunidad en el amor y hasta ahora les va muy bien.
—Tienes razón, René es muy atento y la cuidará muy bien, y aquí es muy difícil encontrar un trabajo donde no te traten como una esclava.—contesto.
—Pues está decidido, hablas con tu madre y te compras un boleto para mañana.—dice Mile con emoción.
—¿Mañana? No crees que es demasiado rápido.—me asusta la idea de fracasar.
—Todo saldrá bien. Así que apresúrate y cuéntale todo a tu madre para que saques el boleto.
(…)
Mamá se lo ha tomado todo muy bien, entendió que debo hacer mi vida. Se puso algo molesta porque me votarán pero cuando le conté lo que sucedió me dio toda la razón; y agrego que debí darle una bofetada.
Ya tengo todo listo y en tres horas aproximadamente sale mi vuelo. Mi madre y René me acompañarán al aeropuerto.
Mi madre me dio un abrazo enorme y René igual. Me da una tristeza despedirme.
—Mamá, si quieres que me quede lo haré.—digo porque me parte el corazón ver sus ojos cristalizados.
—No digas tonterías y apresúrate que perderás el vuelo.—me da ánimos.
—Los voy a extrañar.
—Y nosotros a ti.—menciona René mientras abraza a mi madre para consolarla supongo.
—Anda niña que perderás el avión.—vuelve a repetir.
—Pero que ya quieres que me valla con tanto apuro.—bromeo.—Ven dame un beso.
La despedida fue algo dura cuando salí caminando y adentrándome mire hacia atrás para ver si estaba llorando. Y entonces Pum.
—¡Oye!—grito a la persona con la que acabo de chocar.
—No puede ser.—responde, al darme la vuelta.—¿Me estás siguiendo o algo?
—No seas ridículo para que te seguiría yo. —le respondo distante a el imbécil de ayer mientras vuelvo a tomar mi camino.—¡Alejate de mi, no quiero que me arruines más la vida!—le digo dejándolo sin respuesta.
Todo marcha bien; ya estoy sentada en el avión. Pronto levantaremos vuelo. Pero claro como todo en mi vida tiene que ser conflicto...
—No puedo creer que te toque este asiento.—digo de mala gana.
—Y yo no puedo creer que entre todos los aviones que hay aquí tenías que escoger este.—me reprocha mientras se acomoda.
—Mira señor Ruscher si tanto te molesta mi presencia cambiate de asiento.—digo girandome para darle la espalda.
—No no, señorita es un placer compartir vuelo con usted. —dice con una sonrisa maliciosa en su cara.
—¿Me harás el vuelo una pesadilla cierto?
—Cierto. —dice sin más y no puedo evitar rodar los ojos.
—¡Señora!—le grito a la del frente.—¿Te importaría cambiar de asiento conmigo?—le pregunto dándole una sonrisa.
—No, no tengo problema con ello.—responde al ver semejante mastrodonte a mi lado.
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