La Elección de Javier: De Sirviente a Heredero
Introducción

El día del divorcio de mis padres, el aire en la sala del tribunal era tan denso como la mentira que vivía. El juez, con voz monótona, soltó la pregunta que me heló la sangre por segunda vez: "¿Con qué progenitor desean vivir?". Mi hermano menor, Mateo, no dudó un segundo; eligió a mi madre, Gloria, una ranchera con la gloria ya marchita, pero que él creía que pronto se casaría con un magnate rico. Él quería esa vida. En mi vida anterior, también la había elegido a ella, cegado por un amor filial que pronto ella explotaría sin piedad. Fui su asistente, su chófer, su saco de boxeo emocional, me obligó a dejar la universidad para perseguir una fama inexistente, solo para ser apuñalado por la espalda por Mateo, consumido por la envidia. Morí solo, en un callejón oscuro. ¿Cómo era posible que el destino me diera una segunda oportunidad, pero frente a la misma elección, con las mismas personas prediciendo su futuro sin saber el infierno que me esperaba? Pero esta vez, mi corazón ya no se engañaba. La elección era cristalina.

Capítulo 1

El día del divorcio de mis padres, el aire en la sala del tribunal era pesado y frío. Mi madre, Gloria, una cantante de rancheras con la gloria ya marchita, lloraba a mares. Mi padre, Ricardo, la miraba con una mezcla de impaciencia y desdén. El juez, con voz monótona, hizo la pregunta que cambiaría mi vida por segunda vez: "Los hijos, Javier y Mateo, deben elegir con qué progenitor desean vivir." Mi hermano menor, Mateo, no dudó ni un segundo. Se levantó, señaló a mi madre y dijo con una voz demasiado madura para sus catorce años: "Elijo a mi mamá. Ella es una estrella, pronto se casará con un hombre muy rico y poderoso. Yo quiero esa vida." Todos en la sala se quedaron en silencio. El juez frunció el ceño, desconcertado por la extraña declaración de un niño. Mi madre dejó de llorar y una sonrisa de suficiencia se dibujó en su rostro. Abrazó a Mateo con fuerza. "Mi niño listo, mi niño inteligente." Mi padre resopló, visiblemente molesto. "Qué tontería. Gloria, tu carrera está acabada." Pero a él no le importaba realmente. Su mirada se posó en mí, esperando mi respuesta. Yo recordaba mi vida anterior. Recordaba haber elegido a mi madre, cegado por el amor filial. Recordaba los años de servidumbre, siendo su asistente, su chófer, su saco de boxeo emocional. Recordaba cómo me exprimió hasta la última gota, cómo me obligó a dejar la universidad para que pudiera seguir persiguiendo una fama que nunca volvería. Y al final, cuando ella se casó con un magnate de los medios, mi hermano Mateo, consumido por la envidia de la vida que él creía que yo tenía, me apuñaló por la espalda. Morí en un callejón oscuro, solo y sin un centavo. Ahora, con esa segunda oportunidad, la elección era clara. "Yo me quedo con mi padre," dije con una calma que sorprendió a todos, incluyéndome a mí mismo. Mateo me miró con desprecio. "Tonto. Te vas a arrepentir. Papá no es nadie sin Isabel. Te vas a pudrir en el campo." Me encogí de hombros. "Prefiero pudrirme en el campo que ser el sirviente de mamá." La cara de Gloria se contrajo de ira. "¡Javier! ¿Cómo te atreves a decir eso?" Pero ya era tarde. El juez golpeó el mazo. La decisión estaba tomada. Mientras salíamos del juzgado, vi a Mateo susurrarle algo a mi madre, ambos con sonrisas codiciosas. Estaban seguros de que el futuro de riqueza que recordaban de la otra vida se repetiría. Yo solo sentía un inmenso alivio. Mi pesadilla había terminado antes de empezar.

Capítulo 2

El viaje a la hacienda en Jalisco fue largo y silencioso. Mi padre, Ricardo, conducía su lujosa camioneta sin mirarme. El aire dentro del vehículo era tenso. Al llegar, la hacienda me dejó sin aliento. Era un mar de agave azul que se extendía hasta el horizonte, con una casona colonial imponente en el centro. Era la destilería "La Dama Azul", una de las más prestigiosas del país. "Esta es tu nueva casa," dijo mi padre con un tono que no admitía alegría. "Pero no te acostumbres al lujo. Tu asignación será de dos mil pesos al mes. Es más que suficiente para alguien como tú." Recordé cómo en mi vida anterior, Mateo recibía cien mil pesos mensuales de mi madre después de su nuevo matrimonio. Dos mil pesos era una miseria, apenas para sobrevivir. "Gracias, papá," respondí sin emoción. "Y una cosa más," añadió, deteniéndose en la entrada. "Aquí, la que manda es Isabel. Ella es mi pareja, y tú le debes respeto. Es La Madrina. No la molestes." Entonces, la puerta se abrió. Una mujer alta y elegante, de unos cincuenta años, apareció en el umbral. Tenía el cabello negro recogido en un moño severo y unos ojos oscuros que parecían verlo todo. Era Isabel. La verdadera dueña de todo esto. Me miró de arriba abajo, su expresión indescifrable. Ricardo ni siquiera se molestó en hacer las presentaciones formales. "Es Javier. Se queda aquí." Isabel asintió lentamente. Luego, su mirada se suavizó un poco al verme. "Bienvenido, Javier. Debes estar cansado. María te mostrará tu habitación. Y no te preocupes por lo que dice Ricardo." Se giró hacia mi padre, y su voz se volvió fría como el acero. "El chico no vivirá con dos mil pesos. Es el hijo de mi pareja, no un peón. Recibirá treinta mil pesos al mes, directamente de mi cuenta. Y no quiero oír ni una palabra más al respecto." Ricardo se puso pálido, pero no se atrevió a contradecirla. Simplemente apretó la mandíbula y se fue. Isabel se volvió hacia mí. "Aquí las cosas son diferentes. El trabajo duro y la lealtad se recompensan. La pereza y la traición se castigan. Espero que entiendas." Asentí, sintiendo una extraña mezcla de gratitud y temor. Por primera vez, alguien me había defendido.

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