La Novela Prohibida
Chapter 1 No.1

"Verás cómo los males que devoran a los hombres son fruto de su elección; y que esos desventurados buscan lejos de sí los bienes cuya fuente poseen". Los Versos Dorados. …….. ?Allí esta! El hombre que desgració su vida, justo en frente de sus ojos, a pocos metros de su mano vengadora; el seguro del arma antigua resuena en las paredes de la peque?a habitación, el objeto inanimado está listo también. Ahora, toda la furia de más de una década, se decanta sin parar hacia un inevitable final. La luz de una vela alumbra el rostro del asesino; es más joven de lo que se imaginó. En sus manos; un ejemplar de la novela prohibida; sin alma pero poderosa, lo alimenta. Ya no recuerda cómo llegó allí, su mente está en blanco e inundada de pasiones incontrolables, vacilante le apunta, las lagrimas inundan sus ojos; al fin te tengo, musitó. El hombre separa sus ojos de la novela y le dice: Buenas noches, detective, recuerda cómo llegó aquí… Parte I: Nigredo Sonriendo, cual espíritu ingenuo, Scott regresó a la conciencia, la antorcha que lo guió; la suave e inocente voz de su peque?o hijo. ?Levántate, Padre! Le susurró al oído. Mas la dura realidad lo abatió sin piedad casi de inmediato. Mi hijo murió, se dijo a si mismo antes de abrir los ojos. Automáticamente, su sonrisa se borró, y su rostro se cubrió rápidamente con la máscara del dolor, entonces, el sufrimiento se convirtió en el aire que respira, y su razón de existir. ?Qué razón más triste de vida esa que tienes! ?Eh? le dijo una voz sin género que parece emanar de las oscuras profundidades de su subconsciente. Y, si lo encuentras… ?Qué? Continuó sinuosa, ?Lo mataras? Y luego ?Qué? Tu vida seguirá siendo igual… ?igual de vacía!, qué no te das cuenta que eres un esclavo igual que los demás, la venganza no llenará el vacio, la venganza no te lo devolverá. Concluyó. ?Silencio! Gritó Scott poniendo fin a la violenta diatriba de aquella voz. ?Si lo encuentro descansaré! ?Mi alma agobiada descansará! Decretó con sus brazos levantados hacia el cielo, como si estuviera tratando de ahorcar el techo de madera de sauce sobre su cama. Sin embargo, aquella voz nunca se callaba, siempre estaba hablando, revolcando cada parte inmaterial de su ser. Era batalla, tras batalla; convirtiendo sus días en viajes a través de un precipicio escarpado rodeado de oscuridad, desde donde solo podía ver al sol oscuro emanar y morir en el horizonte. Arrastrando sus pesados pies, Scott salió de su cama. Han sido quince a?os, y sigues igual, continuó aquella voz. Esta vez, él la ignoró y trató de arreglarse lo más rápido que pudo para ir a su trabajo, que era lo único que mantenía su cordura en una pieza. Perseguir a aquellos que violaban las reglas del régimen era el carbón que movía su deteriorada locomotora. Con su ce?o fruncido, Scott se enfrentó al tráfico, maldijo como lo hacían los demás, escupiendo sus frustraciones hacia un enemigo invisible y abstracto que lo único que hace es, devolverlo todo al instante; convirtiendo el insulto en un círculo vicioso. Scott se desayunó así, su propia ira, pudriendo su alma aún más, alimentando la voz sin género que agradecida vocifero dentro de él: Esclavo eres, esclavo morirás. Como sucede todos los días, el detective Scott Freeman dejó su auto a dos cuadras de su lugar de trabajo, para él esas dos cuadras eran muy difíciles de caminar, no porque estuvieran en una loma, era el ambiente, la podredumbre, la hediondez en la que se había convertido la sociedad lo que asqueaba a Scott. Ciudadanos, como zombis, caminaban mirando una pantalla que les decía que hacer y cómo hacerlo, mientras ignoraban a todo ser vivo que estuviera a su lado. ?Absurdo! Se repitió a sí mismo. Además, tan pronto se ponía un pie en la calle, los drones publicitarios que volaban a poca altura, casi tocando las cabezas de los ciudadanos, comenzaban con su tarea de espiar las ondas cerebrales de las personas para luego transmitirles mensajes publicitarios directo al hipotálamo. Por alguna razón inexplicable, un dron de esos, todos los días le transmitía a Scott el mismo comercial en el que se veía a una feliz familia comer una sabrosa hamburguesa en el mismo establecimiento en el que él, todos los días, come solo. ?Maldita sea! ?Aquí viene otra vez ese comercial! Protestó Scott, al mismo tiempo que podía sentir el sabor de la carne en su boca, y escuchar las voces de la mujer y el ni?o. Scott aceleró su paso, el dron lo siguió cual depredador, mientras le enviaba más y más comerciales de familias felices, Scott sintió que su cerebro era violado, sodomizado sin piedad; unas vacaciones en Disney, la nueva película familiar, el nuevo parque de diversiones, y la ultima camioneta en donde, cómodamente, cabe una familia de más de cinco integrantes. Sintió ganas de gritar, de correr, de clavarse su lápiz directo en su frente. ?Eres un cobarde… y nunca lo harás! Le decretó su némesis interior. Parte II: Albedo. El edificio de la policía del régimen, es una enorme pirámide de más de 50 metros de altura, su color es negro, tan negro como el petróleo, tan oscura como una noche sin estrellas, o como las profundidades del espacio inexplorado. Su punta es dorada como el sol, y simboliza el control omnipresente que tiene el régimen sobre todos sus ciudadanos. La pirámide puede ser vista desde cualquier punto de la ciudad, desatando el temor en todos, es como una enorme bestia a punto de embestir a la cual no se le puede ver a los ojos, pues lo interpretaría como una afrenta a su dominio. ?Nunca la mires! Le decía su padre a Scott cuando este era tan solo un ni?o. ?Baja tu mirada cuando estés cerca de la pirámide! Ella merece nuestra sumisión. Sobre la enorme puerta giratoria de la estructura piramidal había un enorme Fasces romano de más de 5 metros de altura, dorado y brillante como el sol un 21 de junio a las 2 de la tarde. Debajo de la enorme arma romana, se lee la frase en letras doradas: "Obedentia civium, urbis felicitas". Esta frase siempre despertaba en el detective Freeman un patriotismo salvaje, ciego y energúmeno, que lo carcomía de adentro hacia afuera como una infección. -?Hey, Scott! Le gritó un hombre que salía de la pirámide oscura, mientras blandía un papel como si fuera una espada. Era su compa?ero Oliver, y traía para él, una nueva asignación. Debe ser algo muy importante, pensó Scott, para que Oliver salga así, corriendo, excitado como un gato en celo. ?Qué te pasa? Gritó Scott. -?A que no adivinas? Profirió Oliver. Alguien leyó la novela prohibida y lo debemos capturar. ?Alguien se atrevió a leer la novela prohibida? Se cuestionó a si mismo Scott, mientras veía a Oliver acercársele. -?Puedes creerlo? Le dijo Oliver a Scott cuando arribó a su lado. Nosotros atrapamos al último que leyó la novela prohibida, y hoy atraparemos a otro desobediente. Concluyó sonriente. -Sí, es increíble… - Contestó con algo de sorna Scott, pues el último desobediente, como lo clasificó Oliver, cometió su crimen en el preciso instante en el que el hijo de Scott era asesinado. La sonrisa de Oliver se borró. Lo siento, le dijo a su compa?ero bajando su mirada, fui muy insensible, a?adió. -No te preocupes – Contestó Scott. -?Crees que se desate otra ola criminal como la de hace 15 a?os? -Esperemos que no – Decretó Scott. No solo la pirámide era visible desde cualquier punto de la ciudad. El cubo negro también lo era. La prisión más segura del mundo, se jactaban los líderes del régimen cuando se referían a ella. Los ciudadanos le temían aun más, que la misma pirámide, pues sí la sede de la policía parecía una bestia dispuesta atacar, el cubo negro era el infierno en el que terminaban los desafortunados luego de ser escupidos por esa bestia. Una puerta giratoria era la entrada a la enorme edificación cubica. A Scott siempre le pareció extra?o las puertas giratorias de los edificios del régimen, él siempre creyó que tras este peculiar detalle, se escondía algún tipo de simbolismo que comunicaba un mensaje que solo unos pocos podían entender. Sobre la enorme puerta de vidrios negros había también un Fasces romano plateado, y bajo este, una frase que decía: "Obscuris vera involvens". Otra vez, ese idioma extra?o, el cual Scott no entendía. ?Te parece normal tanto control, Scott? Reanudó su diatriba aquella voz, esta vez con cierto tinte anarquista. Sales de tu casa y te encuentras con 1000 cámaras apuntándote, grabando cada gesto que haces, sobre ti, sobrevuelan drones que, literalmente, se meten en tu cerebro y estropean tu mente. Estas rodeado por miles de micrófonos que pueden captar hasta el más mínimo sonido emitido por tu cuerpo ?Pueden escuchar hasta una flatulencia! No sé como permiten que esa entidad abstracta llamada régimen controle cada aspecto de sus vidas ??Por qué no ejercen esa sagrada soberanía que tienen sobre sus cuerpos y mentes, y que fue un regalo del creador?! Ya no eres inocente hasta que se demuestre lo contrario, ahora, eres culpable hasta que demuestres lo contrario. Nada mas mira lo que te pasó a ti Scott; por estar persiguiendo a un tipo; cuyo único delito fue leer una novela, no estabas al lado de tu hijo en el momento de su asesinato. ?Si hubieras estado allí, él no hubiera muerto! Concluyó. -?Cállate! – Susurró el detective -?Te pasa algo Scott? Preguntó Oliver, cuando ambos se aprestaban a entrar en el salón en donde van a entrevistar al prisionero. Scott negó con su cabeza. Los detectives encuentran al hombre sentado en una silla de metal. El prisionero está totalmente desnudo, su columna vertebral está cubierta con una especie de tubo metálico escamoso de 10 centímetros de ancho, que se extiende, cual telara?a, por todo su cuerpo. ?Esto es repugnante! Pensó Oliver. -?Oh por dios! – Profirió con sorpresa Scott. -?Tienen solo cinco minutos, detectives! – Ordenó una voz masculina que salió de un intercomunicador ubicado en una de las esquinas del salón. -Buenas, detectives, musitó el prisionero a través del aparato que tapa su boca. Veo que le ha afectado verme así, a?adió. -Se equivoca -Contestó tajante Scott, mientras se sentaba en una silla. -?Qué quiere de mi? ?No le bastó con robarme mi libertad hace 15 a?os? -?Respétenos! – Exigió Oliver. -Si nos colabora, podemos hacer que su sufrimiento sea más… eh… aguantable… El prisionero emitió una sonora carcajada, que fue interrumpida por una descarga eléctrica emitida por la telara?a metálica que rodea su cuerpo. El hombre vomitó; el chorro del asqueroso liquido marrón salió disparado por los bordes de la telara?a, Scott, y su compa?ero, se levantaron de la mesa para que el líquido marrón no los salpicara. -?Detengan el castigo! ?Necesito hablar con este prisionero! – Le gritó Scott al intercomunicador. Pero no hubo respuesta. La descarga cesó, los detectives se sentaron nuevamente. -"?Oderint dum metuant!" – Gritó el prisionero, tras escupir un poco de vomito junto con varios de sus dientes. -?Qué? – Preguntaron al unisonó los detectives. -"Déjenlos odiar, mientras teman" – Contestó el prisionero – Eso expresó alguna vez Calígula, y ?Qué es el temor? ?Odio! La mayoría de las veces odiamos lo que nos puede liberar… ?Miedo a la libertad! ?Eso es el odio! – Una vez más el prisionero fue interrumpido por una descarga eléctrica, esta vez mas fuerte. Scott se levantó de su silla de forma espontanea para tratar de ayudarlo. Ese gesto causo cierto estupor en Oliver ?Qué haces? Preguntó.

Chapter 2 No.2

-?Lo necesitamos! – Profirió exaltado. -El régimen no me dejará hablar – Musitó el hombre – Pierden su tiempo detectives, mejor váyanse… -?Díganos algo! ?Ayúdenos! Si ellos ven que usted nos colabora, tal vez… le quiten esa cosa que… recubre su cuerpo. -?Ese tal Calígula del que nos habló, fue él quien escribió la novela prohibida? – Preguntó Oliver. -No – Contestó el prisionero - él fue un emperador romano. Pero supongo… – a?adió tras un suspiro - que la historia ya no la ense?an como antes. -?Quién escribió esa novela? Preguntó Scott. -La escribió… - Una peque?a descarga eléctrica sacudió el cuerpo maltratado del prisionero. - ?Esta bien no le preguntare el nombre del escritor! Pero… ?Distribuye el escritor la novela? Cuestionó Scott. -No, él murió hace tiempo, la novela la distribuye… - Duda un poco, mira de reojo el intercomunicador – La novela la distribuye… la distribuye… ?La distribuye…! – Otra descarga eléctrica. -?Paren! – Exige Scott. El hombre gime y se retuerce en el suelo. ?Es mejor que se vayan detectives! Dice la voz del intercomunicador. -?Déjennos hablar con él! ?Necesitamos pistas! ?Cómo quieren que atrapemos a quien violó la ley si no nos dejan trabajar! – Protestó el detective Freeman. -?Esta bien…! ?Está bien!– Exclamó el hombre, mientras se revolcaba en el suelo preso del dolor. La descarga cesa. –Les diré, les diré algo… los ayudare… - Gimió el hombre. Scott lo ayudó a levantarse. -Existe una organización secreta llamada: "Sofía", ellos también distribuyen la novela prohibida. Sofía es peligrosa para el régimen, pues, ellos le muestran la verdad a aquellos que la buscan. Tal vez ellos fueron los que le dieron la copia de la novela a quien quiera que haya violado la ley. -?Fueron ellos los que se la dieron a usted? –Cuestionó Scott. -No… y no puedo decirle quien me la dio, pues me… maltratarían otra vez. -?Entonces, como sabe usted de Sofía? – Preguntó Oliver. -Yo fui parte de ella… – Contestó, luego miró fijamente a Scott, quien estaba de pies a su lado, como si estuviera tratando de decodificarlo – nosotros éramos el partido de oposición al régimen, después nos exterminaron… solo unos pocos sobrevivieron el exterminio escondiéndose en el distrito oscuro. -?Suficiente! – Gimió la voz del intercomunicador en tono autoritario. Un peque?a descarga eléctrica hiso levantar de sopetón al prisionero. -?Paren con eso! – Exigió Scott. -Detective… - Gritó el prisionero, mientras era arrastrado por la fuerza por un guardia. -Dígame – Respondió Scott. -Cuídese, las cosas no son lo que parecen. Parte III: Rubedo. El distrito oscuro es como una hoya, en donde se cocina materia en descomposición; "Es el basurero de la sociedad, en donde viven aquellos individuos peligrosos, tan peligrosos, que no pueden estar en una cárcel, pues, merecen morir pudriéndose en un lugar alegado, en donde el ciudadano obediente no los vea, escuche, o siquiera sepa que existan" diría el líder del país. Este distrito es el lugar en donde el régimen esconde a todos aquellos que son peligrosos para el estatus quo, pues, pueden implantar ideas raras en las mentes sumisas de la persona promedio. Para la mayoría de los ciudadanos obedientes, el distrito es una cloaca a la cual no quieren ni mirar. Pero para unos pocos, es un paraíso en donde la libertad individual no solo es celebrada, también es reverenciada como una diosa. Para Scott, el distrito oscuro es un enigma, un puzle que su mente ha tratado de armar y desarmar un millón de veces en un intento desesperado por acomodarlo en su realidad. Y al igual que con las puertas giratorias de los edificios gubernamentales, y las palabras raras en el tope de sus entradas, llegó a la misma conclusión: el distrito oscuro es un lugar que solo unos pocos están en capacidad de entenderlo, para el resto de nosotros es: "No preguntes, sigue derecho sin mirar". Pero hoy, no solo tiene que mirarlo, hoy, debe penetrarlo. -y, ?Cómo penetrarás al distrito oscuro… – Le preguntó su voz mental – si ni siquiera eres capaz de adentrarte en tu propia mente? -Lo hare, y punto – Contestó. Tajante, mientras su automóvil atravesaba la frontera sur de la ciudad. -?Detenga su auto! – Le ordenó un militar totalmente vestido de negro, con un Faces dorado bordado en su manga derecha. Tras una minuciosa requisa que duró más de una hora; en la cual fue vejado, tocado, escaneado, y cuestionado, el detective, por fin, recibió la autorización del régimen para pasar por el medio de los dos pilares que cumplían las funciones de salida de la ciudad capital, a su vez que, hacían las veces de entrada hacia el distrito oscuro. Una vez más la frase: "Obscuris vera involvens" hacia su aparición centellante, esta vez en letras plateadas, uniendo los dos pilares desde sus respectivas cimas. La letra "B" adornaba el pilar izquierdo, mientras que la letra "J" adornaba el pilar derecho. -Tiene solo media hora de permiso, después de eso, su chip de ciudadanía será apagado, y se le considerará un enemigo del estado – Le dijo el militar – y ya sabe lo que eso significa, ?No? Ya no podrá tener más acceso al agua potable. -Es muy poco… – Contestó – tengo una investigación que hacer, y de seguro me tomaré más tiempo, además, no pueden apagar mi chip de ciudadanía, soy policía, estoy cumpliendo con mi deber…

Chapter 3 No.3

-Su deber es irrelevante, tendrá que investigar rápido, aquí no se cuestionan las ordenes del régimen, aquí se siguen, ?y punto! - Profirió excitado el militar, como si estuviera eyaculando. Scott no le respondió. El detective solo aceleró asustado, derrapando sus gomas en el pavimento frio. ?Como odio a estos zombis! – Musitó para sí el detective, cuando el militar era tan solo una peque?a figura difusa en el espejo retrovisor de su carro. La plaza principal del distrito oscuro lo saluda como una dama de la vida alegre, invitándolo a saborear los placeres de la libertad. Las almas dejadas atrás por el régimen deambulan sin rumbo a través de la enorme plaza estilo colonial, y para sorpresa del detective, se veían felices. -Siempre creíste que la gente de aquí vivía era triste, ?Eh? – Le cuestionó su voz interior. -??Por qué insistí en venir solo?! – Rezongó Scott, pues la compa?ía de Oliver siempre amainaba su lucha interna. Scott estacionó su auto cerca de la plaza y empezó a atravesarla sin pensar en que haría para contactar a la famosa "Sofía". El detective decidió caminar sin rumbo esperando alguna se?al. Los rostros de las personas dejadas atrás por el régimen pasaban en frente de sus ojos; hombres, ni?os, mujeres, ancianos, todos felices y libres. Todos ellos hacían contacto visual con él, algo que no sucedía en las ciudades controladas por el régimen, pues allí nadie miraba a los ojos, por miedo a reflejar su miedo en los ojos ajenos. En cambio aquí, todos lo saludan con una ligera inclinación de cabeza, otros van más allá, y le tocan afectuosamente el hombro. Aquí, nadie parece ser invisible. De pronto unos pasos retumbaron en toda la plaza, todos se detuvieron, Scott vio la luz de la luna iluminando los rostros de las personas allí presentes, en menos de un segundo, y como si estuvieran ejecutando un movimiento coreografiado, un pasillo se abrió en frente de Scott. El detective se quedó quieto, como si estuviera congelado, todos lo voltearon a ver, Scott bajó su mirada acongojado por la atención. Un hombre empezó a travesar el pasillo que conducía a Scott. El hombre estaba impecablemente vestido de negro, llevaba un mandil blanco con una V azul y unos extra?os símbolos bordados en él. "Ven conmigo" Le dijo el hombre cuando hubo llegado con Scott. Scott extendió su brazo, pero empu?ó su mano; ?A dónde me lleva? Preguntó. -Has venido por la verdad, ?No? Allí te llevo – Contestó cortésmente el hombre. Scott desempu?o su mano, y se la ofreció al hombre de negro. Y ambos caminaron el pasillo hasta una carroza antigua, halada por un caballo negro. El hombre abrió la puerta con cortesía, el detective asintió, y se dispuso a entrar, pero antes de hacerlo preguntó: ?Usted pertenece a Sofía? -Claro que si, y allí te llevaré. Colaboraremos con el régimen hasta donde nos sea posible, solo queremos vivir en paz. Scott volvió a asentir y luego entró. La carroza anduvo lentamente a través de unas callejuelas estrechas, Scott trató de grabarse el camino pero no pudo, pues, todas las calles se parecían. El hombre vestido de negro estaba sentado frente de él mirándolo fijamente, esta mirada profunda le hacía sentir incomodo, pero la soportó por urbanidad. De pronto, la carroza se detuvo enfrente de una enorme casa de aspecto antiguo con dos enormes pilares por entrada. "Debo taparte los ojos" rompió el silencio el hombre. -?Por qué? – Contestó a la defensiva el detective. -Hay cosas que como profano no puedes ver aun, lo siento si te incomodo. A rega?adientes, Scott aceptó. Está bien, dijo, pero esto me parece extremadamente inusual. Antes que sus ojos fueran tapados por una tela negra, Scott alcanzó a ver sobre la entrada de la casa una frase que decía: "Eskato Bebeloi", y sobre esta, una "S" seguida por tres puntos (S:.) Suavemente, y tras tapar los ojos de Scott, el hombre condujo al detective hacia la entrada de la enorme casa. La respiración del hombre era suave, tranquila, casi hipnótica. Cuidado allí, le advirtió el hombre a Scott, hay un desnivel. Gracias musitó Scott. Los pasos de ambos hombres retumbaron con un eco sonoro en las paredes que los circundaban. ?A dónde vamos? Preguntó Scott, ya casi estamos allí, respondió el hombre con suavidad. No contestó a mi pregunta, replicó el detective. Cierto es. Dijo el hombre y luego hiso silencio. Los pasos de Scott eran lentos, tenía miedo de donde pisaba, jamás en su vida había confiado tanto en otro ser humano, y hoy, allí, en el medio de la nada estaba confiando en un desconocido. De pronto, algo rasgo la manga derecha de su pantalón; su pierna, de la rodilla para abajo, quedó expuesta. ?Qué pasó? Gimió el detective. -Lo siento, fue mi culpa – Contestó el hombre. Entonces otros pasos rompieron el silencio del lugar, Scott sintió algo en su pecho, eran dos armas antiguas, alguien apuntaba directamente al pecho del detective. ??Qué es esto?! Protestó Scott. ?Me han tendido una trampa? -Para nada – Contestó una voz femenina de una sensualidad incalculable. El hombre liberó el brazo de Scott, entonces la mujer le dijo: Estáis aquí en el umbral de la verdad, todo cuanto vais a ver te sorprenderá, sabréis que vuestra vida presente no es más que un tejido de mentirosos y confusos ensue?os, así que, ?Qué pistola escogéis? Dubitativo y algo tembloroso Scott contestó: la, la, la de-derecha. -Bien hecho hermano – Dijo la mujer – Debes ser creativo para aceptar la verdad. Se escuchó el ruido de la pistola dispararse, pero al estar vacía, solo fue un seco ?clic! La mujer le dio la otra pistola a Scott, este la recibió, luego la palpó con sus dedos como si fuera un ciego, es antigua, murmuró.

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