Zombie Capitalista
Chapter 1 No.1

Sus manos temblorosas se aferraban al volante justo como le ense?aron en la academia de conducción. Su cabello rubio cubría una parte de su rostro, su único ojo visible, el izquierdo, estaba fijo sobre una camisa de hombre que yacía en el parabrisas delantero del carro. Dicha prenda estaba sucia, y manchada de sangre. Taliana se inclinó hacia adelante, sacó su mano izquierda por la ventana, e intentó tomar la camisa, pero no pudo. El cinturón de seguridad no le permitió estirarse lo suficiente. Derrotada, la joven volvió a su posición inicial, haciendo un gesto de desaprobación hacia ella misma; golpeándose su muslo derecho con su mano. El golpe auto infligido le dolió tanto que, empu?ó sus manos frustrada mientras se ahogaba en su propia impotencia. Taliana se desabrochó el cinturón, y se volvió a inclinar hacia adelante, esta vez, logró su objetivo, con asco arrogó la prenda de vestir a la carretera sin pavimentar, en la que está estacionado su mercedes color rojo del a?o 1950. Su costosa bota izquierda de cuero café oscuro levantó una peque?a nube de polvo amarillento cuando la bella Taliana puso su primer pie fuera de su carro. La chica inspeccionó con mucho cuidado a su derredor antes de sacar de la camioneta el resto de su hermoso y delgado cuerpo. Un enorme árbol, que se movía gracias a la brisa fría de la sabana de Bogotá, la recibió. Sin quererlo Taliana se paró sobre la camisa sucia que acababa de arrogar al suelo. ?Qué asco! Dijo contrariada, pateándola lo más lejos que pudo. Pero la brisa le jugó una mala broma devolviendo la sucia prenda de vestir hacia su bella humanidad. ?Maldita sea! Gritó mientras se quitaba de su cabellera rubia la camisa, acto seguido, la arrogó a una zanga cercana. -?Todo está bien! ?Todo está bien! – Se dijo a si misma tratando de calmarse. - ?No pasa nada! Taliana Jimena Vargas, quien dice tener 25, cuando en realidad tiene 27, volvió a su carro, tomó una peque?a maleta color negro marca Gucci, cerró la puerta, y luego emprendió su camino. Su andar, sobre aquella carretera destapada en el medio de la nada, era igual al de una modelo sobre una pasarela. Con la gracia de una diosa movía sus caderas derrochando por cada poro de su piel, el orgullo que su padre le heredó. Taliana se aferraba a la negación, tratando de bloquear con imágenes de sus últimas costosas vacaciones en Mónaco, el hecho que acababa de atropellar a un hombre con alevosía. Era él o yo. Se dijo. Después de una corta caminata de no más de cinco minutos, Taliana llegó a la puerta de una enorme casa finca, que se encuentra rodeada por una pared rocosa de más de 5 metros de altura, y de cuyo tope sobresalen frondosos árboles con frutos multicolores. La puerta es de aspecto rustico, no tiene timbre, o algún dispositivo moderno en el cual uno pueda anunciar su llegada. ?Qué hago? Pensó. En el medio de la puerta hay un viejo aro de metal que parece ornamental, Taliana se quitó uno de los guantes negros de cuero, y golpeó con suavidad contra la puerta. No hubo respuesta. Lo intentó otra vez, mismo resultado. Desesperada e inquieta por la soledad del lugar, se quitó el otro guante, y tocó con ambas manos. -Hola, ?Se?or López! – Gritó. Siguió sin haber respuesta. -Se?or López, ??Se olvidó de nuestra cita?! Rezongó, mientras acercaba su ojo a una enorme grita en le medio de la puerta. A través de esta, observó el interior de la propiedad, parecía no haber nadie. ?Hay alguien? Preguntó en voz alta. ?Recuerde que tenemos una cita! A?adió. La cortina de una ventana se movió. ?Hola! Gritó. ?Soy Taliana, he venido a verlo como habíamos acordado! ?Lo recuerda? La cortina se movió otra vez, quien se había asomado, pareció alejarse. -Sé que allí estas, pedante pomposo - Musitó Taliana – Yo tampoco quiero hablar con usted. El periódico me está obligando. Taliana dio dos pasos hacia atrás con su mirada puesta en la enorme puerta de madera. ?Pues lo intente! Gritó. ?Ahora me voy! – Miró al cielo, y tras suspirar a?adió en voz baja: él no lo merece padre, tú tenías razón… Entonces, la puerta se abrió lentamente, una figura gastada por el tiempo emergió de la propiedad. Es Gabriel, un campesino local, de unos 76 a?os de vida, que le colabora al se?or López con los quehaceres. Pase su mercé, el se?or la está esperando. Le dijo Gabriel. Para contestarle al hombre su gentil invitación, la joven se obligó a si misma a sonreír, lo que le salió fue una sonrisa sardónica frígida, que afeó su rostro y hiso retroceder a Gabriel unos cuantos pasos hacia atrás. Tras haber superado el susto por aquella sonrisa falsa, el hombre, vestido con una tradicional ruana color blanco, unos pantalones negros, y un sombrero color café oscuro, le extendió la mano a la bella reportera invitándola a entrar en la propiedad. Ella hiso lo mismo tratando de indicarle a Gabriel que lo seguiría. él no la entendió, pues frunció su ce?o. -Ensé?eme el camino, yo lo sigo - Dijo ella con falsa cortesía. Gabriel bajó su cabeza, y empezó a caminar hacia la enorme casa que está a unos 20 metros de distancia. Taliana notó que Gabriel movía sus labios como si estuviera masticando algo. Eso le produjo cierto asco. Pues, entendió las manchas verdosas en su barba canosa. ?Qué masticara este viejo? Pensó. -Mastico coca – Contestó él, como si le hubiera leído el pensamiento – ?Gusta un poco usted, su mercé? – Se dio la vuelta, y de su bolsillo sacó unas hojas de coca, y se las ofreció. -?No! Se?or… Gracias, pero yo no hago eso – Contestó ella, a su vez alejaba su rostro inclinándolo ligeramente hacia su izquierda. -Está bien – Dijo Gabriel – No sabe de lo que se pierde - Se dio la vuelta y continuó caminando. -Son muy lindas las matas que adornan este peque?o camino pedregoso, dígame; ?Usted las cuida? ?O lo hace el se?or López? – Preguntó Taliana Gabriel no contestó, por el contrario, aceleró su paso un poco más. Ella, ignorada, meneó su cabeza con gracia y coquetería, y pensó: ?Viejo grosero! Al fin, Gabriel se detuvo en frente de la entrada de la casa. Taliana aprovechó para darle una rápida mirada a la propiedad; el camino que había acabado de recorrer lucia aun más hermoso desde este punto de vista, pues las matas que lo rodean crean una atmosfera romántica que invita, no solo al amor sino también, a la introspección. ?Lo ideal para un escritor! pensó. En su imaginación, Taliana pudo ver a López caminando de un lado hacia el otro del camino mientras le daba forma a una idea para una nueva novela o un cuento. Gabriel sacó un manojo de llaves de uno de sus bolsillos. No del bolsillo en el que tenía la coca, del otro. Taliana elevó su vista hacia la casa. La edificación tiene 2 pisos, y enormes ventanales; por donde entra la luz del sol y la suave brisa fría de la sabana. Aunque la casa está hecha de puro cemento y ladrillos, la pintura y los detalles hacen que parezca fabricada de madera y clavos rudimentarios. -Es una casa grande, debe de ser muy cara… - Comentó con cierta ironía - López se la pasa hablando en contra del capitalismo, pero mírelo aquí viviendo en una mansión en el medio de un paraíso. Una vez más, Gabriel no hiso ningún comentario. Cuando hubo abierto la puerta, el campesino le extendió una vez más la mano a Taliana para que ella entrase. Ella otra vez le contestó: Yo lo sigo. Esta vez, Gabriel insistió frunciendo el ce?o, A Taliana no le quedó otra más que entrar en la propiedad bajo la atenta mirada de Gabriel. -Lindo Culo – Le dijo Gabriel. -?Perdón! – Contestó contrariada Taliana mientras se daba la vuelta. -Que, usted tiene un lindo culo, su mercé – Le reiteró el campesino, mientras cerraba la puerta. -?No lo puedo creer! ?Qué atrevido! ?Qué falta de respeto! - Rezongó ella. -Y ?Por qué falta de respeto? - Le contestó una voz masculina que emanó de las sombras que la rodeaban. – Que, ?Acaso un hombre no puede admirar la belleza de la anatomía femenina? - Concluyó la voz. -?Es una falta de respeto que a una mujer solo la miren como mercancía o como un objeto sexual! - Decir que una mujer tiene un hermoso… - Dudó un poco – "Culo". No es verla como mercancía. Es admirar la obra del creador. -Y como se sentiría usted, se?or López… – Preguntó Taliana con cierta sorna, a su vez que caminaba hacia la sombras para verle la cara a su interlocutor - si yo le dijera que usted tiene un… ya sabe… muy grande. -?Me sonrojaría! – Contestó con malevolencia – y luego le llamaría mentirosa, pues usted no lo ha visto. -Lo vi cuando era ni?a. Daniel emergió de las sombras, como si fuera una aparición. Sus brazos están extendidos, una mano; la derecha apunta hacia arriba, la otra apunta hacia abajo. El joven escritor de 30 a?os lleva una barba de una semana, y una rasta jamaiquina hasta su ombligo. Inevitablemente los ojos de la bella joven se posaron en los pies descalzos del escritor. -?En dónde se encienden las luces? – Preguntó ella. -En mi casa no hay electricidad… Taliana se cruzó de brazos. ??Y cómo vamos a hacer la entrevista en medio de las sombras?! -Espéreme un momento, y ya traigo unas velas. – Se apresuró a Contestar él ante la queja de la bella dama. El hombre salió de la habitación en pos de las velas, dejando sola a Taliana. Ella buscó un lugar en donde sentarse. Su nariz respingada se encogió ante el olor que el interior de la casa expelía. Con mucho cuidado Taliana colocó su hermoso trasero sobre un viejo sofá color verde. ?Qué asco! Musitó. ?No sé cómo alguien puede vivir así! -Premio nobel o no, este tipo no es más que un gamín – Rezongó Taliana mientras colocaba su costosa maleta sobre la mesa que tiene en frente, luego, subió lentamente su cabeza y se encontró a Daniel de pies en frente de ella con dos enormes velas en sus manos. Avergonzada Taliana se tapó la cara con sus manos. ??Me habrá escuchado?! Pensó. Daniel colocó ambas velas en un candelabro doble que hay sobre la mesa de madera y las encendió. -Se lo que piensa, se?ora periodista – Le dijo Gabriel mientras se sentaba enfrente de ella – "Me habrá escuchado cuando lo llame gamín" – A?adió imitándola. -?Se?orita! – Corrigió ella. -??Qué?! - ?Que soy Se?orita, no se?ora! – Prorrumpió Taliana. - Esta bien, "se?orita". Vivo de forma sencilla y me gusta. Si a usted le parezco un gamín, ese es su problema. - Lo siento se?or López, no fue mi intención ofenderlo – Replicó ella imitando el mismo tono bohemio mamerto de él – Entonces, empecemos con la entrevista. Taliana abrió su maleta, de ella sacó su computador portátil, su Tablet y su celular, todos con el emblema de la manzana mordida. La chica colocó los tres aparatos en la mesa con cortes reverencia, como si estos fueran seres vivos. Daniel solo se limitó a negar con su cabeza. -Me sorprende que en su diario quieran publicar un artículo sobre mí – Dijo el mientras se acomodaba en su sillón. -?Por qué le sorprende…? – preguntó ella, a su vez que encendía su tableta. – Usted se acaba de ganar un premio nobel de literatura, es el segundo colombiano en hacerlo, además, es el más joven… es perfectamente comprensible que un diario de nuestro estatus lo quiera entrevistar – Concluyó cruzándose de piernas de forma coqueta.

Chapter 2 No.2

- No lo sé – Contestó él con cierto aire dubitativo en su voz – Su periódico ya no es lo que solía ser. Yo soy la antítesis de lo que su diario defiende. -?Y que sería lo que el periódico defiende, según usted? – Preguntó ella, moviendo su cabeza de lado a lado, mientras jugaba con su cabellera.. -La plutocracia que gobierna a este país, desde hace más de 200 a?os – Contestó casi de inmediato Daniel meneando la cabeza de la misma forma que ella lo hiso. -Le agradecería que no me imite, se?or López – Prorrumpió ella muy seria. - Lo siento – Contestó él, imitándola otra vez – Lo solía hacer cuando éramos ni?os. -Esos fueron otros tiempos. Pero, sino quiere que este aquí, me voy – Hiso el ademan de levantarse. -?No! – Contestó él levantando su mano, tratando de enviarle una se?al conciliadora – Lo siento de verdad, no volverá a pasar. -Está bien… - Se acomodó su cabello por detrás de sus orejas. – empecemos entonces… Un aparato más sacó Taliana de su costosa y fina maleta negra; una antigua grabadora de casete. La cual colocó sobre la mesa. A Daniel le causa gracia el aparato, así que sonriente le preguntó: ?Es suya? -Era de mi papá. – Hiso una pausa – Se la regaló un amigo… - Hiso otra pausa – Su mejor amigo… Daniel asintió, pues él sabe muy bien que amigo es ese. El aparato tiene un peque?o golpe en uno de sus extremos. La joven miró aquella abolladura como si le trajera malos recuerdos. En un segundo la camisa sobre el parabrisas se proyectó como un invitado indeseado en su mente. -?Le pasa algo? – Preguntó Daniel. -No – Contestó ella – Tengo sed, nada más… -?Quiere té? – Le ofreció Daniel. Taliana asintió. Una vez más Taliana quedó sola en la habitación. -Y dígame; ?Cómo se informa de lo que pasa en el mundo exterior? Preguntó ella alzando su suave voz, mientras introducía un casete en la vieja grabadora de periodista que perteneció a su padre. -?Cómo dijo? – Cuestionó él desde la cocina. -??Qué, como se informa de lo que pasa en el mundo?! – Gritó. Daniel regresó a la habitación con dos tazas en sus manos. De ellas sale humo y un olor suave que la chica no reconoce. -Gracias – Recibió la taza, acercó su nariz al humo para adivinar el sabor. -Es de coca – Le advirtió Daniel mientras se sentaba. -?Es legal? – Cuestionó ella, con su ce?o fruncido. -Claro que lo es – Contestó él tras emitir una risilla burlona. Daniel dio un sorbo, ella también. Por su reacción, Daniel presumió que ella disfrutó del sabor de la coca. -Sabe… - Dijo Daniel – La coca es una gran planta, tiene muchas cualidades importantes para nuestra salud. El hombre blanco europeo la pervirtió, pues, son los químicos que usan para fabricar la cocaína los que son malos, no la planta. -Ahhh – Contestó ella tras dar otro sorbo - ?Y usted la siembra? -?Tengo permiso! – Contestó él a la defensiva. -Entiendo. Pero, no contestó mi primera pregunta. -?Cuál? -?Cómo se informa de lo que pasa en el mundo sino tiene electricidad en su casa? – Repitió Taliana. -No me interesa estar informado de lo que pasa en el mundo. -Yo pienso, que un escritor debe estar bien informado – Dijo ella mientras colocaba la taza en la mesa. -No necesariamente – Contestó él mientras hacía lo mismo que ella hiso. Hubo un momento de silencio entre ambos; hombre y mujer se devoraron con sus miradas, como si se trataran de comunicarse mentalmente las cosas que con palabras no se querían decir. -Empiece con la entrevista, Se?ora periodista – Le urgió Daniel – Que tengo muchas cosas que hacer. -Se?orita – Corrigió una vez más ella. -?Qué? -?Que! ?Soy se?orita! -Está bien… empiece de una vez… -?Ya he empezado! Ya le formule la primera pregunta… -?Bueno, entonces formule la segunda! – Dijo Daniel levantando un poco el volumen de su voz. Taliana oprimió el botón "Play" de su vieja grabadora. Entonces – Dijo ella - ?No le interesa lo que pasa en el mundo? -Como ya le dije, no es necesario que un escritor esté al tanto de lo que pasa en el mundo. Todo lo que yo necesito está aquí – Miró a su alrededor – Y aquí – Se?aló su propia cabeza. -Entonces, usted no está enterado que, en el mundo ha aparecido un brote de una enfermedad muy rara, muy similar a la hidrofobia, que se trasmite por la saliva… - Preguntó ella inclinándose hacia adelante. -No – Contestó él – De seguro es una exageración de los medios. -?No es una exageración se?or López! A mi… me – Hiso una pausa, miró hacia al techo. La camisa en el parabrisas ha aparecido otra vez en su mente. -A ustedes los medios, les encanta exagerar, su único negocio es esparcir el miedo, para que el estado se haga más fuerte, así se controla a una masa ignorante. - Dijo él, como si estuviera revelando un gran secreto masónico.

Chapter 3 No.3

Sin embargo, ella parece no haberlo escuchado, pues, todavía tiene sus ojos perdidos en el techo de la habitación. -?Le pasa algo? – Preguntó Daniel. -Con esta noticia no hemos exagerado - Contestó ella aun con su irada en el techo. -?Entonces de seguro han ocultado información! -?No! – Gritó ella, volviendo sus ojos hacia él. – ?Nosotros no mentimos! Es solo que… hay algunas noticias que no se pueden dar así como así, pues crearían un caos en la sociedad y las autoridades perderían el control. -?Perder el control? -Sí, usted sabe…el orden… la economía… todo, a veces hay que bajar el tono de las cosas, y otras veces hay que… exagerar para que el gobierno no pierda el control. Usted es inteligente se?or López, usted sabe cómo se maneja una sociedad. -"Exagerar" – Dijo Gabriel. - Si, "Exagerar"… - Contestó ella fríamente. Hubo otro silencio incomodo entre ellos. Uno que les carcomió de adentro hacia afuera, siguen sin decirse las cosas que se quieren decir. -Y… ?En donde escribe? – Rompió el silencio ella. -En una vieja máquina de escribir de los a?os ochenta que perteneció a mi padre. Con esa máquina, él escribió sus primeros artículos. Artículos que publicaba en el periódico que el mismo fundó… y del cual fue sacado como perro, por su mejor amigo y cofundador. Taliana oprimió el botón de "Stop" – Perdóneme, pero su padre quería convertir el periódico en un pasquín comunista-socialista. -?Ahora si salió a flote todo! ?No? - Contestó él - ?Por fin vamos a hablar del elefante en la habitación! -Mi papá no despidió a su papá. él renunció, él abandono el diario – Prorrumpió muy exaltada la hermosa mujer. Daniel se levantó dejando cuidadosamente la taza de té sobre la mesa de madera, y le contestó: Mi padre se fue del diario, porque no le gustaba el rumbo que estaba siguiendo… -??Qué rumbo?! ?Eh! – Interrumpió furiosa poniéndose de pies - ?Y no me venga con esa basura de venderse al sistema! – Espetó la joven con sus dedos índices erguidos. -?Pues, esa es la verdad! Su familia vendió el periódico al sistema, se convirtieron en "perifoneadores" de la élite corrupta. - Gritó Daniel. -?Pura mierda! – Contestó Taliana mientras guardaba sus aparatos electrónicos en su costosa maleta Gucci. Daniel la observó. - ?Si! Llévese toda su porquería electrónica - Le dijo - Usted, al igual que la masa enajenada, no es nada sin sus aparaticos electrónicos. -?Usted no me conoce! – Contestó ella sin mirarlo. -Crecimos juntos – Contestó él también sin mirarla. -Eso fue hace ya mucho tiempo – Hiso una pausa – Y no hace falta decirlo, pero, esta entrevista ha acabado… Se?or López - -Me parece bien, se?orita Vargas… - Contestó irónico él – Regrese a su periódico elitista y siga envenenando con mentiras las mentes del débil pueblo colombiano. Taliana empezó a caminar hacia la puerta, pero antes de llegar se detuvo, se dio la vuelta para contestar aquel último comentario, pero se arrepintió. -?No va a decir nada? ?Qué bien! ?Tengo razón! – Dijo el sintiéndose victorioso. -??Sabe que…?! - Dijo Taliana – Personas como usted no son más que hipócritas… - Tragó saliva – Usted le debe todo lo que tiene al sistema, vive en una mansión, rodeado de lujos, y sin embargo se queja. -?Cuáles lujos? – Interrumpió – En mi casa no hay electricidad. -?Esos es un lujo! Solo alguien con mucho dinero y poder, puede desconectarse así del sistema… -?No me venga con eso! – Dijo Daniel con su entrecejo arrugado. Taliana se le acercó y lo miró de arriba abajo. ?No entiendo cómo se ganó usted un premio nobel! Sus novelas son aburridísimas, sus personajes con planos, y su forma de narrar es la de un pseudopoeta de pacotilla… Usted no es más que un tipo con suerte. Concluyó. Daniel solo atinó a sonreír en respuesta al juicio de Taliana. Ella caminó hasta la puerta. - No entiendo cómo es que sus libros se venden tanto en Estados Unidos – Dijo antes de salir. -Eso tiene una explicación muy sencilla – Interrumpió Daniel – Los gringos son brutos… y no entienden el verdadero contexto de las historias que yo les cuento... yo los critico y los imbéciles, creen que exalto su famosa sociedad libre... -?Vaya que explicación tan inteligente! – Comentó ella con ironía. – Mejor, ?ábrame la puerta!- Le ordenó. Daniel se le acercó y le abrió la puerta; la fría brisa de la sabana entró en la casa, abusiva y sin pedir permiso erecto los pezones de Taliana, él lo notó. Taliana suspiró y se cerró la chaqueta de cuero. - No puedo irme sin decir esto - Le dijo - Se lo prometí a mi padre. -??Qué cosa?! -Mi padre murió, hace… - Se interrumpió a sí misma, la imagen de la camisa ensangrentada en el parabrisas apareció una vez más, de manera furtiva en su mente – él murió, pero antes me pidió, o más bien me obligó a que hiciera esta entrevista sin importar la situación, porque él quería que le dijera a usted que… - Se interrumpió una vez más, su voz se quebró, lagrimas comenzaron a salir de sus ojos – Lo sentía. Mi padre sentía que había traicionado la confianza de su padre. Daniel no sabía si abrazar a Taliana o no. Se rascó su rasta repetidamente. - Lo siento - Atinó a contestar en tono suave, luego cerró la puerta. - Mi padre… - A?adió - También murió muy aburrido, él también creyó irse en deuda con su padre… pero nunca tuvo la fortaleza de ir al periódico y hacer las paces con su amigo… - Concluyó.

Continue reading